El polvo que nos derrota

Por clclibros • el 21 Septiembre, 2009 • Categoría: Devocional Diario

Señor, no quiero ser un discípulo a quien tengas que decir: “No tendrás parte conmigo” (Juan 13:8). El pecado de esa clase de discípulo se complica porque no se da cuenta de que está en pecado. No se trata de hipocresía ni engaño, sino simplemente de descuido o ignorancia. El Señor sigue firme en cuanto al “aseo espiritual” y no quiere que imitemos a Simón Pedro quien no le dio importancia a un poco de “polvo en los pies”, y luego escuchó una y otra vez las palabras: “No tienes parte conmigo”.

“No tener parte en Cristo” significa que su bendición se convierte en súplica. Dejamos de disfrutar del uno para convertirnos en blanco del otro. Claro que esto disminuye nuestra efectividad como cristianos, ya que la virtud de Cristo deja de fluir a través de nosotros. Y si no tengo parte con Cristo, entonces los que están a mi alrededor perderán ese beneficio. Dios necesita canales a través de los cuales puede hacer llegar su bendición a otros y esos canales deben estar limpios (Isaías 52:11).
No tener parte con Cristo resulta también en que la vitrina de exhibición se convierte en confesionario (Job 1). Cuando así sucede dejamos de ser trofeos de gracia hacia los cuales Dios señala con orgullo, para ser más bien vergüenzas hasta que por fin permitamos que el Señor nos limpie del último rasgo de mugre. Cuando “no tenemos parte con él”, el orgullo que sentía Dios en cuanto a nosotros se convierte en pena y dolor (Efesios 4:30); y hasta que lleguemos a sentir el mismo dolor que él siente, no seremos su “delicia de día en día” (Proverbios 8:30).

Jesús destapó el “desaseo espiritual” de Pedro, pero solamente porque el apóstol le había avergonzado. Afortunadamente Pedro de inmediato se dejó lavar los pies, y derrumbó así la barrera que había creado entre él y su Señor. “Ya vosotros estáis limpios” (Juan 14:3), va más allá de ser una verdad; es una declaración de placer, el gozo único que siente el Señor cuando nos hace “parte con él”. “Es entonces que disfrutamos de su paz, la paz que solamente él nos puede dar (Juan 14:27), y de su gozo, que siempre es gozo completo” (Juan 15:11).

“Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13:14).

Himno: “Sólo tú eres santo” CSG # 10

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