Aprendiendo a perder

Por clclibros • el 16 Octubre, 2009 • Categoría: Devocional Diario

Señor mío, haré lo posible por aprender la lección que has tratado de enseñarme durante mi vida: cómo saber perder. La vida cristiana es vida de grandes pérdidas. El hombre carnal siempre quiere ganar; en cambio el verda¬dero discípulo de Jesús aprende cómo ser el último cuando así le toca.

Veamos cómo perdió Jesús. Perdió la confianza de Juan el Bautista (Mat. 11:3); perdió muchos discípulos (Juan 6:66); per-dió su dignidad, su respeto y su ropa (Mat. 27:29,35); y por último perdió hasta su vida.

Veamos cómo perdió Pablo. “Por causa (de Cristo Jesús) lo he perdido todo” (Fil. 3:8). Ese “todo” llegó a incluir también su vida.

Yo tampoco llegaré a ser útil para Cristo hasta cuando asista a mi propio “entierro”. Un discípulo es como una casa en un huracán: la tempestad se va llevando partes; solo resisten las bases. Luego Dios construye un nuevo edificio.

Mi problema y tal vez el de muchos cristianos es que me gusta vivir; no me apetece morir. Pablo dijo algo muy profundo en cuanto a esto: “De manera que en nosotros actúa la muerte” (2 Cor. 4:12). Señor, han sido ya demasiadas las ocasiones en las cuales la muerte no me ha tocado.

Señor, esto me es difícil comprenderlo. Al comienzo yo pensaba que la vida cristiana era puro gozo, entusiasmo, vida y vic-toria para terminar en una eternidad de éxtasis. Fue así como me trataste al principio. Luego comenzas¬te a quitar cosas de mi vida. ¡Qué cantidad! Amigos, salud, ambiciones y seres queridos y aun los deseos normales de cada día. El plan divino para mi vida parece ser sin trama alguna. Con frecuencia Dios mi amigo parece ser mi adversario y enemigo.

Me siento agradecido por Aquel en quien “todas las promesas de Dios son en él, ‘Sí’” (2 Cor. 1:20). Cuando, a propósito, permito la limitación en mi vida de un “no” por causa de él, Dios responde convirtiéndolo en un glorioso ¡Sí!

“Sea sobre nosotros la gracia del Señor(*) nuestro Dios. La obra de nuestras manos confirma entre nosotros; sí, confirma la obra de nues-tras manos” (Sal. 90:17).

Himno: “En las aguas de la muerte” CSG # 512

Deja un comentario