Las heridas de Dios

Por • el 13 octubre, 2009 • Categoría: Devocional Diario

Quisiera responder a tus “heridas” con fe y gratitud, Señor. Siempre pienso en ti como el que sana los corazones y cura nuestras heridas, pero tú también quebrantas corazones y causas heridas.

No puedo olvidar lo que le sucedió a Jacob cuando se retiró cojeando después de su lucha con el Señor (Gén. 32:30-31). ¿Cojeo yo también porque Dios me ha tocado? Las heridas de Jesús fueron por mi causa. El no necesitó ni de corrección ni de disciplina, pero yo sí las necesito infinitamente. Tanto, que nunca llegaría por mi cuenta a la perfección. Precisamente por eso Jesús me sustituyó, tomando para sí las heridas que yo merecía.

Dios lastima y causa heridas hasta poder revelar los secretos más íntimos de nuestros corazones, retándonos de esta manera a un amor cada vez más grande y fuerte hacia él.

Cuando Jesús le preguntó a Pedro: ¿Me amas? esto le hirió. Pedro se sintió molesto y dolido por esa pregunta (Juan 21:17). ¿Será que el Señor alguna vez me ha hecho sentir dolor? Si no he experimentado su corrección o reprensión o disciplina es porque en verdad sé muy poco de él.

Nos han engañado con el cuento de una gracia barata. Es muy fácil acep¬tar ciertas doctrinas sin permitir que influyan sobre nuestra vida de cada día. Dios quiere hombres y mujeres crucificados, no sólo personas que saben que hubo una cruz. Dios quiere siervos que digan: “Yo amo a mi señor…no quiero salir libre” (Ex. 21:5).

Señor, ¿tú me habrás herido y habrás quebrantado mi corazón? ¿Cojeo por el dolor en mi “cadera espiritual”? Las heridas del cristiano son los aplau¬sos divinos por una vida bien llevada. ¿Me estás aplaudiendo, Señor?

“Porque el Señor disciplina al que ama y castiga a todo el que recibe como hijo” (Heb. 12:6).

Himno: “Espíritu del Trino Dios” CSG # 259, FA 267

Deja un comentario