No temo el juicio
Ayúdame, Señor, a recordar que la eternidad también es ahora. Con fre¬cuencia he escuchado que todo se arreglará en el “más allá” donde podremos descansar y disfrutar de nuestra recompensa. Pero eso es solamente una parte de la verdad. Si no tomo las decisiones correctas y si no camino por donde es, ahora mismo, tampoco disfrutaré del tal “más allá”.
Hay quienes dicen que el Cielo y el Infierno están aquí mismo en la tierra. No es cierto, pero tampoco es totalmente falso. El Infierno es la máxima confirmación del pecado; esa confirmación empieza en esta vida. Lo mismo sucede con la santidad. Decía Oswald Chambers: La paga del pecado es confirmación en pecado. Si permito dureza en mi corazón y perversión en mi vida, el pecado comienza de inmediato su obra de confirmación. Sólo la sangre de Cristo y el Espíritu Santo pueden parar y deshacer la obra fatal del peca¬do. Por eso es peligroso confiar sólo en la experiencia de una decisión tomada alguna vez en el pasado. La decisión que se toma una vez y para siempre, debe ser el comienzo de un caminar paso a paso y momento tras momento con Cristo, si es que voy a evitar el endurecimiento de un corazón atrofiado por el pecado. La cruz de Cristo es suficiente para mí a la medida en que es una realidad en mi vida.
¿Debo como cristiano temer la muerte? ¿Qué es la muerte? Es puerta abierta a la eternidad. La muerte es algo temeroso sólo para los que no están listos. Para aquellos que se han preparado para el examen final, la muerte es algo grato y bienvenido; es la señal de que a una vida terrenal le ha llegado la culminación de triunfo y victoria.
Es cierto, Señor, que la eternidad incluye un ahora mismo. Esperar que amanezca es perder la oportunidad. “¡He aquí ahora el tiempo más favorable!” (2 Cor. 6:2). Te ruego, Señor, que me enseñes constantemente esta lección; mejor todavía, escríbela en mi corazón.
“Ahora hijitos, permaneced en él para que, cuando aparezca, tengamos confianza y no nos avergoncemos delante de él, en su venida” (1 Jn. 2:28).
Himno: “En mis angustias” CSG # 397, VC 158, HB 368, GD 353


