Orando desde cerca

Por clclibros • el 20 Octubre, 2009 • Categoría: Devocional Diario

Quiero renovar con Dios mi compromiso de oración. Claro que siempre he creído en la oración, pero en la práctica mi vida ha sido una serie de súplicas sin respuesta.

¿Cómo hago para reconciliar esos fracasos con las enseñanzas de Jesús? “Pedid, y se os dará” (Mt. 7:7); “Si me pedís algu-na cosa en mi nombre, yo la haré” (Juan 14:13).

Jesucristo me anima a pedir lo que sea y a pedir repetidas veces y a hacerlo con toda confianza hasta recibir la respuesta.

¿Pero no hemos aprendido también que debemos pedir “según su voluntad”? ¿No es importante respetar la divina soberanía y averiguar bien primero lo que Dios quiere antes de que le pidamos?

Sí existen condiciones para los que esperan respuestas a sus oraciones: (1) No puedo “consentir la iniquidad…en mi corazón” (Salmo 66:28), o sea dar lugar, tiempo e importancia a la iniquidad. (2) No debo “pedir mal” para gastarlo en mis placeres (Santiago 4:3). (3) No debo “dudar” (Santiago 1:6- 7), o sea, vacilar en mi fe. (4) Debo “permanecer” en Cristo (Juan 15:7). Permanecer o habitar en él es ser atraído por él como una flor por el sol.

Ahora comienzo a ver lo que verdaderamente significa la oración: una dedicación tan total a Dios que logro percibir sus de-seos, su mente y su voluntad. Si oro con base en esa clase de relación, mis oraciones siempre serán respondidas. Cuando he llegado a ese punto en mi peregrinaje, sobra decir “Si es tu voluntad”. El hijo de Dios que necesita seguir averiguando la vo-luntad divina realmente no le conoce bien. En cambio, la persona que delei¬ta a Dios es aquel a quien él le revela su divina voluntad.

“Y cualquiera cosa que pidamos, la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agrada-bles delante de él” (1 Juan 3:22).

Himno: “Deléitate asimismo en el Señor” CSG # 483

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