Probando a Dios

Por • el 14 octubre, 2009 • Categoría: Devocional Diario

Prometo cumplir con mi función como “probador de Dios”. Todo hijo de Dios debe cumplir con esa función, no importa su don espiritual u ocupación. Un “probador de Dios” demuestra que el Dios de la Biblia es el Dios viviente de hoy.

A Dios le fascina ser probado. “Probadme ahora en esto” (Malaquías 3:10). “Pide para ti una señal de parte del Señor (*) tu Dios” (Isa. 7:11). El sabe que cada generación es más escéptica. O sea, la Biblia debe nacer nuevamente para cada generación. Dios debe saltar de la página impresa para que cada generación viva y experimente de nuevo las escenas grabadas en los textos sagrados. Así como Dios escribió la Biblia en un comienzo, la debe repetir en nuestras vidas. Por eso busca “Abrahames”, “Gedeones”, “Davides” y “Pablos” modernos. Mejor dicho, Dios quiere ser probado.

Jorge Mueller decía que fundó su orfanato en Brístol con el único propósito de “probar que Dios es hoy igual que ayer”. ¡Así también debemos hacer nosotros!

Pero no es fácil probar a Dios. Tiene que ver con lo imposible. No probamos a Dios cuando le pedimos sanidad, que puede ocurrir también en forma natural. Tampoco es un milagro pedirle a Dios un millón si ya tenemos dos millones en cédulas de capitalización. Probar a Dios es pedir que cure lo incurable, es pedir un millón cuando no tenemos nada.

Pero ¿quién será capaz de probar a Dios así? La vida cotidiana suele ser rutinaria y ¿viene Dios en “un silbo apacible y de-licado”? (1 Reyes 19:12 RVR).

Si es así, entonces algo sucede con nuestra fe. Si en verdad existe el diablo y el pecado es nuestro estado habitual y si aún merodean el hambre, la enfermedad y la muerte, entonces Dios necesita quién le pruebe. El necesita de personas comunes y corrientes, pero con fe extraordinaria.

La pregunta es: ¿estoy dispuesto a arriesgar el fracaso para probar a Dios? Arriesgarlo todo para probar a Dios y su Palabra. Los que prueban a Dios siempre son ganadores con él.

“Dad al Señor (*) la gloria debida a su nombre; traed ofrendas y venid a sus atrios” (Salmo 96:8).

Himno: “Tu pueblo calla ante ti, Señor” CSG # 630

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