¡Soy rico!

Por clclibros • el 4 Febrero, 2010 • Categoría: Devocional Diario

Señor, con tu ayuda procuraré no volver a hablar o a pensar mal de ti, jamás.  La mayoría de tus hijos no necesitan de una dosis de riqueza ni de pobreza sino de fe. A través de tu siervo Pablo nos dijiste que “todo es vuestro” (1 Corin­tios 3:21).  Desafortunadamente la mayoría del tiempo no he creído esta pala­bra.  En consecuencia he vivido en la miseria como un mendigo, un pordiosero a pesar de lo que tú has dicho, “El Señor cada día nos colma de beneficios” (Salmo 68:19 RVR).

Con demasiada frecuencia llego al final del día sintiéndome triste y acongojado.  No tuve el éxito deseado al presentar un nuevo proyecto a la iglesia.  Quise evangelizar y la verdad es que no me fue tan bien que se diga.  Estuve en una reunión de pastores y no me ocuparon para nada, ni siquiera para presidir la oración.  Saludé al moderador del grupo y él no recordaba mi nombre. Pasé la noche retorciéndome en mi cama, sintiéndome defraudado, olvidado, despreciado y abandonado.  Señor, ¿será esta la porción que tú has reservado para mí?

Tú has procurado enseñarme que todas las cosas son mías en Jesucristo.  También has buscado comunicarme que cada día escoges mi porción diaria de tu gran bodega de “beneficios”.  ¡Pero yo soy tan rebelde Señor!  Mi berrinche de cada noche no es más que rebeldía contra ti, inconformidad por esa “porción”.  Ayúdame a comprender que todo lo que me sucede cada día es lo que tú me envías con mucho cariño.  Es tu “porción” envuelta con la cinta de tu amor.  Cada día descubro lo que tú me tienes y no puedo darme el lujo de despreciarlo.  Nada de lo que tú has planeado me niegas; soy el beneficiario de una receta prepa­rada especialmente en el cielo.

Pero tú has dicho  “Todo es vuestro”.  En Cristo soy heredero del univer­so.  Prometo, Señor, recordar mi herencia y aceptar que realmente soy rico.  Procuraré recordar que mi “porción”, sea dulce o amarga, es producto de tu amor y que no se pierde.  Aceptaré todo lo que Cristo tiene para mí.  Así de esta manera alejaré los sentimientos de amargura e inferioridad y, en su lugar, percibiré la dulce tranquilidad que surge al aceptar por fe la voluntad divina para mi vida.

“Corrígeme, oh Señor (*), pero con tu juicio; no con tu furor, para que no me empequeñezcas” (Jeremías 10:24).

Himno: “Bendeciré al Señor” CSG # 22

Deja un comentario