Cuando me pongo molesto en cuanto al tiempo
Señor, necesito de tu ayuda en cuanto a mis actitudes. Ser mundano es estar atado a lo terrenal como si fuera substituto de lo celestial. Lo terrenal tiene que ver con todo lo que es tiempo, propiedad, dinero y placer. Si bien es cierto que no me puedo desligar del todo de estas ataduras, sí debo hacerlo espiritualmente. La Biblia me dice que debo vivir en las regiones celestiales donde Cristo está “sentado a la diestra de Dios” (Col 3:1). De eso se trata: la sustitución de lo celestial por lo terrenal.
En cuanto al tiempo, debo sincronizar mi “reloj” por lo celestial y no ser esclavo de un horario terrenal. El único “reloj” por el cual se guiaba nuestro Señor fue el de la voluntad de su Padre (Juan 9:4). Este también debe ser el mío. En cambio si me ato a mis propios planes, si me molesto por cualquier pequeña “pérdida” de tiempo, si me angustio porque se demoró el transporte es porque no me quiero someter al “reloj” del Padre. Mi solo compromiso y obligación es alcanzar aquel lugar donde “el tiempo ya no será más”. Si sólo me preocupo del tiempo, algo anda mal en mi espíritu. La persona que disfruta de perfecta paz no se preocupa del tiempo.
Jesús dijo: “Mi tiempo no ha llegado todavía, pero vuestro tiempo siempre está a la mano” (Juan 7:6). Jesús no tuvo itinerario, se conformaba con hacer la voluntad de su Padre a medida que esta le iba siendo revelada. Me encuentro siempre ante la encrucijada de tener que escoger entre mi propio itinerario y el que me traza Dios. Atarme a mi propio reloj es ligarme a lo terrenal, cosa que jamás hizo Cristo. No se trata en ningún momento de pereza o indiferencia a los compromisos, ya que Dios quiere que seamos personas responsables. Cuando habito cada día en Jesús, el tiempo deja de ser mi prioridad, como si ya estuviera en el cielo.
“Enséñanos a contar nuestros días, de tal manera que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12).
Himno: “Hasta Entonces” CSG # 444, HB 506


