Desfilando con Jesús

Por • el 3 febrero, 2010 • Categoría: Devocional Diario

No removeré la posición que le pertenece a Jesucristo como vencedor.   Mi lugar es caminar en pos de él como siervo fiel.  Con demasiada frecuencia he tratado de subir en su carroza de victoria para tomar su lugar, su honor y su gloria para mí mismo.  No me conformo con someterme a él como su siervo fiel.  Prefiero ser sucesor en vez de súbdito.

Ser un siervo cautivo es poco atractivo o glorioso.  De pantalla no tiene nada.  Toda la gloria es para el Conquistador.  Mi función como cautivo es demostrar los logros del Conquistador y sus triunfos.  Pero para alcanzar ese fin es preciso permitirle el escenario.  Cuando le hago mala cara porque fracasé, o porque no me dieron la importancia que merezco o porque no logré mis anhelos inmediatos, estoy desafiando el derecho de Jesucristo de andar en su carroza de preeminencia.  Estoy lloriqueando porque la pantalla la tiene Jesús en lugar de tenerla yo.

Debo aprender que Dios no nos hace sus siervos con el objeto de tenernos en servidumbre, sino para que nuestra cautividad haga resplandecer el gran poder conquistador de su glorioso Hijo.  Sólo así puedo ser “grato olor de Cristo” para Dios el Padre (2 Corintios 2:15 RVR).  Pero cuando me exalto a mí mismo, en vez de expedir grato olor me transformo en algo nauseabundo para él.

Si me quiero unir a la alabanza celestial, debo hacerlo en base a que SOLO el “Cordero inmolado es digno” (Apocalipsis 5:12 RVR).  Lo único que vale o que es importante es su dignidad.  No sólo es Jesús mi Señor, sino que él es digno de ser el Señor.  Es cuando logro comprender la gran verdad: ya no tengo que esperar el transito al cielo para colocar mi corona a sus pies; lo hago ahora mismo, anticipadamente, y lo hago con gozo porque él es digno.

“Pero gracias a Dios, que hace que siempre triunfemos en Cristo y que mani­fiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Corintios 2:14).

Himno: “Digno eres” CSG # 233

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