En competencia con los demás

Por • el 12 febrero, 2010 • Categoría: Devocional Diario

Me debo cuidar de una de las trampas más sutiles que tiene el diablo: competencia con otros.  Jesús vino a servir, no a competir.  Con demasiada frecuencia somos como sus discípulos: luchamos por ser los mayores (Lucas 22:24) y olvidamos que mayor es aquel que lava los pies de los demás.

La competencia es una forma de guerra en la que yo soy, al mismo tiempo, atacante y adversario.  La competencia es una fosa llena de serpientes que desatan multitud de sentimientos venenosos.  Sí, está bien experimentar pensa­mientos negativos hacia mi orgullo, pereza, capricho y egoísmo.  Pero debo evitar a toda costa la comparación con los demás, ya que el plan que Dios tiene para mi vida es tan único como son diferentes mis huellas digitales de todas las demás.  El verdadero discípulo sólo se compara consigo mismo para luego poder afirmar: “El Señor me ha capacitado para poder crecer en tal disciplina”.

La competencia es un defecto satánico.  Apenas Dios le dijo: “¿No te has fijado en mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra?” (Job 1:8), Satanás se empeñó en tumbarlo.  El diablo no pudo soportar que a Job se le alabara.  El quiere acaparar toda la alabanza.  Cada vez que me siento tentado a comparar algo en mi vida con otra persona debo escuchar de nuevo las pala­bras del Señor: “¿Qué tiene esto que ver contigo?  Tú, sígueme” (Juan 21:22).

La competencia desaparece cuando sigo el consejo de Pablo: “en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Rom. 12:10).  Esta lucha no es por el lugar más alto sino por el más bajo.  ¡Qué contradicción!  ¡Luchar por el peor lugar!  Pero ¿no fue eso lo que hizo Jesús quien “se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la…muerte de cruz” (Fil. 2:5-8)?  Señor, ¡ayúdame a que, al comparar y someter mi vida a la tuya, reciba buenas calificaciones!

“Considerad, pues, al que soportó tanta hostilidad de pecadores contra si mismo, para que no decaiga vuestro ánimo ni desmayéis” (Heb. 12:3).

Himno: “Jesús es mi Rey soberano” CSG # 243, FA 5, VC 266, HB 47, LL 251, GD 144, GT 289

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