La alabanza y la fe trabajan en llave
Me estoy dando cuenta de cuán importante es la alabanza. La alabanza es hija de la fe. El que cree alaba al Señor tan naturalmente como respira toda criatura que nace. Hubo un tiempo en que yo pensaba que la alabanza era algo que dábamos después de ver los resultados de nuestras peticiones a Dios. Pero he comprobado que esa clase de alabanza es débil y le falta vigor. Antes de resucitar a Lázaro de la tumba, Jesús alabó a su Padre, agradeciéndole. Debo mirar los problemas, dificultades e imposibilidades como oportunidades para alabar a Dios antes de que él obre a mi favor, simplemente por el privilegio de glorificar su nombre. Si Romanos 8:28 todavía está en la Biblia y tiene validez, entonces la alabanza debe formar parte integral de mi vida.
Para un cristiano las dificultades de la vida son apenas milagros por ocurrir. La fe verdadera ignora lo que es un reloj o un calendario. Alabar sólo cuando haya sucedido el milagro no tiene sentido. La fe cree que Dios hará todo lo que está en su poder.
Si es menester siempre creer, también debo alabar siempre, ya que la perfecta fe elimina la preocupación y la ansiedad y me llena de buenos sentimientos.
Vivir en ese plan incluye alabanza por las cosas difíciles; y no sólo cuando estoy en situaciones difíciles. No simplemente soportar esas cosas y esas circunstancias, sino permitir que una y otras se conviertan en bendición. La Biblia me dice que Dios no es indiferente a la maldad, sino que la transforma en oportunidad para obrar algo bueno.
Cuando Dios permite que a mi vida la afecten dificultades, me está preparando para nuevas victorias y para un vigoroso crecimiento que no podría lograr en otra forma. Si eso es cierto (y lo es) entonces las pruebas son “amigos” que merecen mi bienvenida, a imitación de David cuando aparecieron en su camino el león y el oso. Estos le ayudaron a alistarse para confrontar al gigante Goliat.
Si aprendo a dar la bienvenida a las pruebas, sabré también alabar y dejar de identificar las dificultades como enemigos; las consideraré como oportunidades. Por esa razón haré como me aconseja Jacobo, “Saltaré de sumo gozo” cuando me encuentro rodeado por imposibilidades (Santiago 1:2 Trad. del autor).
“¡Aleluya! Ciertamente es bueno cantar salmos a nuestro Dios; ciertamente es agradable y bella la alabanza” (Salmo 147:1).
Himno: “Celebremos su gloria” CSG # 2


