Mi entrega a Dios

Por • el 10 febrero, 2010 • Categoría: Devocional Diario

El salmista prometió: “Cumpliré mis votos al Señor (*) delante de todo su pueblo” (Salmo 116:18). Dios quiere que periódicamente le reconfirmemos nuestros votos de compromiso para con él, así como le pidió a Abraham que ofreciera a su hijo Isaac sobre el altar.  Se trata de una prueba de mi amor y fe hacia él.

De mi parte debo cuidarme de ser legalista.  No se trata de entregar algo que Dios no me haya pedido.  Dios me exige ciertas áreas de mi vida cuando cree que puedo soportar la disciplina que implica el tener que cedérselas.  Debo conducir mi vida lo mejor que pueda. El me señalará cada nueva área que debo entregarle.

La vida disciplinada consiste en eso: entregar de inmediato a Dios lo que él nos solicita, sin “peros” y sin demora.  Creo que nadie puede servirle bien a Dios sin disciplina.  La persona disciplinada no vive pensando en lo que él va a retener para sí; está pendiente de la señal divina para poderla cumplir al instante.

Con el “sacrificio de acción de gracias” (Salmo 116:17) pagaré mis votos.  Cada vez que Dios me considera digno de que él me exija algo, debo sentirme agradecido.  Cuando lo hace, él piensa premiar al obediente, no siempre con riquezas y salud, pero sí con lo que es más importante: poder espiritual y una vida fructífera.

Dios se entristece cuando tiene que pedirme dos y tres veces alguna área de mi vida.  Por ejemplo, si se trata de mis posesiones, una advertencia debiera ser lo suficiente.  Cuando le haya cedido algún aspecto de mi vida, jamás debo pedirle que me lo devuelva, ni tampoco recordarle de mi “sacrifi­cio” a su favor.  ¿Acaso es sacrificio cambiar mis pobres “mugrecitos” por morrocotas?  Más bien debo “atar mis ofrendas a los cuernos del altar” (Salmo 118:27 Trad. del autor).  Es en el atar que descubro el abundar de la vida.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: -Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mateo 16:24).

Himno: “Tú has venido a la orilla” CSG # 426

Deja un comentario