La aprobación social es condicional

Por clclibros • el 22 Julio, 2010 • Categoría: Devocional Diario

El ser un discípulo de Jesucristo no me hace un proscrito social.  Cristo no niega mis inclinaciones humanas naturales; las realza.  La aprobación social es necesaria para la salud emocional, y Jesucristo no tiene como obje­tivo excluirme de la familia humana.  La pregunta básica es: ¿aprobación social a qué precio?

En una parábola, Jesús dijo en efecto, “Ve y siéntate en el último lugar; para que cuando venga el que te invitó, diga: ‘amigo, sube más arriba’.  Entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa” (Lucas 14:10).  El respeto social no está prohibido para el discípulo, pero es condicionado.  Se basa en la humilde disposición de Cristo.

Son sin número los problemas que se nos vienen encima por ese afán del hombre natural por lograr “estatus” o lugar.  Éste busca posición e influencia sin importar el precio que pague o la gente que destruya por llegar allí.  Nunca debo dejarme arrastrar por tales impulsos o inclinaciones.  Jesús no vino buscando la aprobación social; pero debido a que vino con una disposición humilde, la aprobación social fue su recompensa.  Al eludir la aprobación social de manera directa, Jesús hizo precisamente lo que la atrae con mayor seguridad.

La aprobación social es necesaria para mi bienestar.  Pero esta aproba­ción no está limitada a lo terrenal.  Una gran “nube de testigos” (Hebreos 12:1) está anhelantemente interesada en todo lo que me pasa, y en un sentido son “los animadores” de los santos.  Si me va bien, esto es, si hago la volun­tad de Dios, contaré con su entusiasta y calurosa aprobación.  Por lo tanto, el caminar del peregrino está repleto de conmovedores estímulos.  Si mi cami­nar parece solitario y aislado, será sólo por un momento.  “Pero Dios, que consuela a los humildes [desanimados], nos consoló con la venida de Tito.  Y no sólo con su venida, sino también con la consolación que él recibió en cuanto a vosotros” (2 Cor. 7:6-7).

“Y el mismo Señor nuestro Jesucristo, y nuestro Padre Dios quien nos amó y por gracia nos dio eterno consuelo y buena esperanza, anime vuestros corazones y os confirme en toda obra y palabra buena” (2 Tes. 2:16-17).

Himno: “Un día Cristo volverá” CSG # 546, LL 133, GT 112

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