Las irrupciones de Dios
No pasará mucho tiempo en mi vida como discípulo antes de que me dé cuenta que Dios es un Dios de “irrupciones”. Sólo hay que mirar cómo irrumpió en la vida de Abraham: “El Dios de la gloria apareció a…Abraham” (Hechos 7:2). La vida normal, corriente y cotidiana del patriarca fue interrumpida. Cada vez que Dios hace eso, siempre significa una nueva dirección para las cosas, así como después del momento en que irrumpió en la vida de Pablo.
Las apariciones de Dios, ya sean visibles o internas, siempre siguen la línea de una interrupción o cambio. A menudo no entendemos el cambio. “Y salió sin saber a dónde iba” (Hebreos 11:8). Abraham no entendió que Dios iba a hacer de él un hombre universal, un verdadero “padre de la fe”. Como discípulo debo seguir el ejemplo de Abraham de tener fe, sin entender el alcance de nuevas direcciones de parte del Señor. Dios se reserva para sí el derecho de la iniciativa, el derecho de irrumpir en mi vida sin preguntas ni explicaciones. Esa demoledora llamada telefónica, esa carta perturbadora, esa visión que acaba con la tranquilidad, pueden de hecho ser la primera etapa de una irrupción de Dios en mi vida. Debo estar listo y nunca dudoso o vacilante.
Ya que Dios toma la iniciativa, él es responsable por las consecuencias. Dios jamás comienza algo para después decir, “¡Bueno, el resto es cosa tuya!” Las consecuencias de las acciones divinas son tan ordenadas como el origen de dichas acciones. Esa es una advertencia para mí – no interferir con las consecuencias que Dios ya ha designado para mí. Pero eso también es mi consuelo; no necesito preocuparme por algo que está fuera de mis manos.
Mi respuesta siempre debe ser el estar en todo tiempo atento a Dios para obedecer su palabra de manera implícita. ¡Entonces él me sorprenderá con delicias! “Prepárate para la mañana, sube de mañana…y preséntate…delante de mí sobre la cumbre…entonces descendió Jehovah en la nube y se presentó allí a Moisés” (Éxodo 34:2-5).
“Porque esta noche estuvo conmigo un ángel de Dios de quien soy y a quien sirvo, y me dijo: ‘No temas, Pablo’” (Hechos 27:23-24).
Himno: “Del santo amor de Cristo” CSG # 349, VC 115, HB 90, LL 249, GD 113, GT 87


