Los derechos de Dios y ¿los nuestros?

Por clclibros • el 30 Julio, 2010 • Categoría: Devocional Diario

No pasará mucho tiempo en mi caminar con Dios sin tener que enfrentarme al asunto de los derechos. Necesito tener en cuenta tres de tales derechos: el derecho de Dios sobre mí; mi derecho a Dios; y el derecho del mundo sobre mí.

Un derecho es algo legalmente innegable, y el primer derecho que siempre debo de cuidar es el que Dios tiene sobre mí.  Ese derecho se basa en que él me creó; y yo soy su hechura.  También tiene derecho sobre mí porque me redi­mió (Isaías 43:1); soy suyo porque él me ha librado de la esclavitud (1 Corin­tios 6:19-20).  Ahora bien, es cierto que el universo entero pertenece a Dios; pero sólo hasta donde alcance conciencia de que soy de su propiedad, seré responsable de honrar ese derecho divino.  Dios nunca me dejará descansar en este aspecto de mi vida hasta que reconozca su derecho sobre mí.

El derecho de Dios no es meramente teórico; es práctico, en un sentido mayor del que me imagino.  Pensemos en ello por un momento.  Si soy totalmente de Dios y lo reconozco, entonces ¡él tiene el derecho de utilizar cualquier parte de mí o de mis posesiones en cualquier momento!  ¿Hay por ahí alguna persona pobre a quien Dios quiere ayudar?  Él puede utilizar mi cuenta banca­ria para ese propósito, por cuanto mi dinero es suyo.  ¿Existe alguna tribu de salvajes que todavía no han oído de Jesucristo?  Dios puede apropiarse de mi vida para comunicarles las buenas nuevas en su propio dialecto.  Después de todo, mi lengua también le pertenece a él.

En un sentido práctico, en el momento en que yo reconozco el derecho de Dios sobre mi vida, dejo de tener derechos propios.  Estoy a la disposición de las necesidades a mi alrededor, estando sujeto por supuesto, a la dirección del Señor.  Nunca más puedo existir en el aislamiento.  El mundo, como decía John Wesley, se convertirá realmente en mi parroquia.  “Y él murió por todos para que los que viven ya no vivan más para sí, sino para aquél que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15).

“Reconoced que Jehovah es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.  Pueblo suyo somos y ovejas de su prado” (Salmo 100:3).

Himno: “La familia de Dios” CSG # 457

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