Ministrando a otros

Por clclibros • el 28 Julio, 2010 • Categoría: Devocional Diario

¿Cómo puedo distinguir entre el ministerio a mí mismo y el ministerio a otros?  Ciertamente la Biblia aclara que el buey que trilla tiene derecho a comer del grano que ha sido trillado (1 Cor. 9:9), y los sacerdotes comían los sobrantes del pan y los sacrificios.  Pero he aquí algo importante para recor­dar: se me permite participar sólo al ejercer mi servicio a otros.  En ninguna parte de la Biblia dice que yo puedo sentarme a hacer nada, y seguir gozando de los frutos del servicio.

Cuando leo nuevamente la declaración de Jesús acerca de la vid y las ramas (Juan 15), me llama la atención el hecho de que la rama no participó del fruto; más bien participó de la misma vid. La rama existe para el ministerio, para transmitir la vida de la vid hasta que el fruto se forme en sus extremos, y así los necesitados que están alrededor puedan ser satisfechos.  La “satis­facción” de la rama depende de la vid y su misma raíz.

No debo utilizar a Dios con fines egoístas.  La vida del discipulado es exactamente lo contrario: Dios, utilizándome para él mismo.  Mis oraciones no se enfocarán exclusivamente en algo que sólo me beneficia personalmente, cosas tales como salud, dinero, o éxito.  Es importante recordar que Dios es mi Amo, cuyo derecho es usarme para sus propósitos.  Jamás debo tratarle como si fuera mi siervo (alguien que está en la obligación de satisfacer todos mis antojos).  Mi vida es como una rama que simplemente transmite el fruto de la vid al que lo come.  Cuanto más fruto lleve y tanto más sean los necesitados satisfechos, mayor será la gloria de Dios (Juan 15:8).

Entonces seré como José, quien fue “un retoño fructífero, retoño fructífero junto a un manantial; sus ramas [treparon] sobre el muro” (Génesis 49:22).  Las “bendiciones de [su] padre sobrepasan a las de las montañas eternas, y a los deleites de las colinas antiguas” (vs. 26).

“Vosotros no me elegisteis a mí; más bien, yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y para que vuestro fruto permanezca” (Juan 15:16).

Himno: “La vid y los pámpanos” CSG # 402, FA 223

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