Presentando nuestras credenciales
Como tu discípulo Señor, debo estar consciente de los derechos y privilegios del ministerio. Los utensilios santos del tabernáculo fueron dedicados con sangre porque eran un “ministerio” (Hebreos 9:21). Así como no puede haber remisión de pecados sin sangre, tampoco puede haber ministerio sin sangre. Ninguna persona tiene el derecho de hablar (ni a hacer ninguna otra cosa) para Dios, a menos que haya sido limpiada por sangre, o sea que se le haya sido otorgado el “derecho” de hablar en base a la muerte de Cristo en el Calvario.
Siempre que Dios trata con los hombres lo hace en base a los derechos que Jesucristo logró a nuestro favor en el Calvario. Así como un embajador debe presentar sus credenciales, toda persona que sirve a Dios debe mostrar que ha sido tocado por la sangre del Calvario. Fuera de eso, no tiene ningún derecho a servir. ¿Tengo mis credenciales en orden, o soy un “profeta falso”?
Pero está el otro lado de la moneda. El simple hecho de tener el derecho a hablar no significa que acepto el privilegio. Muchos han acudido al Calvario y han recibido el derecho, pero luego han rechazado el privilegio. El cuerpo de Cristo está lleno de miembros sub-privilegiados; sub-privilegiados debido a su propio egoísmo, temor, o indiferencia. Tanto la sangre como el aceite son necesarios para ser un siervo de Dios. La sangre representa el llamado; el aceite representa el poder. Ambos son necesarios para un servicio efectivo y fructífero.
El sumo sacerdote aplicaba la sangre y el aceite continuamente. Del mismo modo, continuamente debo revisar mi llamado y los dones y talentos de los cuales estoy dotado. Los utensilios de mi ministerio para Dios deben ser puestos a diario ante sus ojos. Sólo entonces “presento mis credenciales”. “Con todo, tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros” (2 Corintios 4:7).
“Devuélveme el gozo de tu salvación, y un espíritu generoso me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti” (Salmo 51:12-13).
Himno: “Sed fieles, hermanos” CSG # 502


