Amando al enemigo

Por • el 30 agosto, 2010 • Categoría: Devocional Diario

David me da el ejemplo de cómo amar a mis enemigos.  Él llamó al hombre que persistentemente trató de matarlo: “amado y amable” (2 Samuel 1:23).  Mi verdadero enemigo no es un vecino irritante, ni un jefe de lengua mordaz, ni una persona de diferente color de piel e idioma.  Así como le sucedía a David, mi enemigo es cualquiera que se interfiere en mi cumplimiento de la voluntad de Dios.  En tanto que Saúl estuviera vivo, David no podía ascender al trono de Israel.  La muerte de Saúl, por lo tanto, representaba la vida para David.  Sin embargo, ni siquiera una vez hizo David algún esfuerzo para eliminar el obstáculo para su propia monarquía.

El amar al enemigo es el fin supremo de la negación de la ambición y el deseo.  El amar al enemigo es aceptar el obstáculo que éste representa como parte del propósito de Dios.  Es estar sereno hacia mi opositor, y reconocer que el que intenta hacerme un mal (como obró Judas con Jesús), sólo me lleva hacia la victoria final.

El hombre natural busca la guerra y lucha contra su enemigo.  Trata de eliminarlo como obstáculo, haciéndole daño físico y causándole aun la muerte.  Lo inconveniente de esta manera de actuar es que por cada enemigo que yo destruya, se levantarán diez más.  La única manera como puedo “conquistar” a mi enemigo es amándolo.  Eso no significa que él “me guste”; simplemente significa que le tengo buena voluntad, que lo coloco en las manos de Dios para su disposición, y que anhelo su bendición espiritual en Cristo.

El discípulo de Jesucristo es la única persona que puede permitirse el lujo de tener enemigos, porque sabe cómo tratarlos.  El hacer la voluntad de Cristo significa que nunca careceré de enemigos; pero tampoco careceré jamás del apoyo de mi Señor, de quien 1ª Corintios 13 es una descripción perfecta.  A medida que yo confíe en Dios, quien es el perfecto amor, él desarrollará ese perfecto amor en mí.

“Amados no os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque está escrito: MIA ES LA VENGANZA; YO PAGARÉ, dice él Señor” (Romanos 12:19).

Himno: “Iglesia de Cristo” CSG # 451, FA 307, VC 221, HB 241, GD 71, GT 193

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