El Señor como nuestro Protector
Te agradezco, Señor, porque la persona que te obedece vive una vida privilegiada. Una vida privilegiada para un discípulo significa una vida protegida. Tan completa es esa protección, que mi vida está a salvo aun en manos del enemigo. “El que…se pase a los caldeos [el enemigo]…vivirá; su vida le será por botín” (Jeremías 21:9). La protección de Dios significa que mi vida física no puede ser quitada por otra persona, excepto con permiso de él.
Dios entregó a Job en manos de Satanás, pero con esta condición: “Respeta su vida” (Job 2:6). Un cerco protector en la persona de Dios, se interpuso entre Job y Satanás para que el maligno no lo pudiera destruir. El discípulo obediente vive bajo la sombra de la vida y no de la muerte, sin importar sus circunstancias o peligros. Nada puede tocarlo, ¡mucho menos tomarlo! Sólo cuando Dios determina que la carrera terrenal de su discípulo ha terminado, cruza éste entonces la frontera y se encuentra momentáneamente bajo la sombra de la muerte; pero aún allí, “Tú estarás conmigo” (Salmo 23:4).
En otro sentido, mi alma es la fortaleza interna de mi ser, mi verdadero yo, y la protección de Dios se extiende hasta allí también. “El guardará tu alma”. (Salmo 121:7 RVR). Se trata de la inmortalidad. Esa clase de protección es eterna, ni aun la muerte la puede tocar. El cuerpo del discípulo puede ser atacado, su mente y corazón pueden sufrir angustia, pero Dios añadirá todos sus refuerzos con el fin de que el alma del discípulo perdure en su presencia. El Señor es mi Protector, y ha prometido librar mi alma y ponerla a salvo por siempre.
El poder protector de Dios significa que puedo vivir libre de temor (aunque ese hecho no es motivo para vivir de manera irresponsable). Cuando el miedo amenace mi tranquilidad, diré, “El día en que tengo temor, yo en ti confío” (Salmo 56:3).
“Pero aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; más valéis vosotros que muchos pajaritos” (Lucas 12:7).
Himno: “Eres mi protector” CSG # 62


