El pecado afecta a todos
Así como hay una acción comunitaria en cuanto a lo santo (recibo perdón de mis pecados en “Cristo”, Efesios 4:32), también el pecado afecta a toda la comunidad. El pecado de Acán dio como resultado la muerte de muchos de sus compatriotas (Josué 7:5). Por esa razón, Acán fue descubierto en su pecado de robar lo que le pertenecía a Dios, y toda su familia fue destruida (7:24-25). Su familia sufrió juicio con él como ejemplo de que nadie peca únicamente para sí mismo, así como tampoco puede morir alguien sin que afecte a otros.
El pecado comunitario comenzó con Adán en el huerto de Edén. Yo soy un pecador porque él lo fue. Pero si yo fuera el único pecador en el mundo, otras personas seguirían sufriendo por mi causa. De hecho, cuanto más santos sean mis conocidos y compañeros cristianos, tanto más ellos sufrirán por causa de mi pecado. Ya que no soy un cristiano solitario sino miembro de un cuerpo de hermanos, mi pecado infecta al cuerpo, y las células más cercanas a mí son las que más sufren. La Biblia me advierte del peligro de albergar “una raíz de amargura”, por la cual “muchos sean contaminados” (Hebreos 12:15). Pablo advierte que el pecado, como la levadura, leuda toda la masa (1 Corintios 5:6).
Tan grave es el efecto que puedo causar sobre mis compañeros creyentes, que aun la apariencia de pecado (1 Tes. 5:22) debe ser evitada por su causa. Hasta donde sea posible, es necesario vivir libre de la ambigüedad. Sobre todo, nunca debo repetir el comportamiento de Jeroboam, quien “hizo pecar a Israel” (1 Reyes 14:16). La tragedia de Jeroboam fue que él no se percató de la acción comunitaria del pecado. El pecó y toda una nación pecó con él.
Me anima y me alienta poder contar con el poder “protector” de Dios, quien me asegura que “Jehovah es tu protector” (Salmo 121:5). Si él es mi protector, me guardará de todo daño, el daño a otros, así como también el daño de otros.
“De manera que si un miembro padece, todos los miembros se conduelen con él; y si un miembro recibe honra, todos los miembros se gozan con él. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros suyos individualmente” (1 Corintios 12:26-27).
Himno: “Dios de gracia, Dios de gloria” CSG # 455, HB 266


