Ganado por amor y no por la fuerza

Por • el 7 septiembre, 2010 • Categoría: Devocional Diario

Jesucristo reclama su derecho sobre mí desde tres puntos de vista: el natural, el legal, y el personal. Me reclama de manera natural simplemente porque él me creó, “Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos” (Salmos 100:3).  No nos pertenecemos a nosotros mismos.  El mundo y todo lo que hay dentro de él le pertenecen al Señor, incluyendo aquellos “que lo habitan” (Salmo 24:1).

Pero él también me reclama porque me redimió, añadiendo por tanto un derecho legal al derecho natural.  “No sois vuestros…habéis sido comprados por precio” (1 Cor. 6:19-20).  El derecho de redención soluciona para siempre cualquier alteración por parte de Satanás de los derechos naturales que tiene Cristo sobre mí.  Soy  suyo, dos veces; y si el primer derecho no es suficiente, ciertamente el segundo lo es.

Además de estas dos claras tenencias que tiene Jesucristo sobre mí, él aún aplica el llamado personal: “Hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos” (Romanos 12:1).  ¡Eso me sorprende, Señor!  Un Dios que ya es mi dueño dos veces aún ruega por mi amor, lealtad y servicio.  El solicita mi sumisión, no con base en sus derechos, sino en sus sufrimientos.

Dios es omnisciente.  Él sabe que los golpes por la fuerza sólo endure­cen, mientras que los llamados por medio de la misericordia y el amor quebran­tan la más dura de las voluntades y crean el más duradero de los compromisos.  “Tal y como soy, tu amor desconocido ha roto toda barrera”.  Así es.  Y así, a todo lo largo de la Biblia, esos llamados tiernos y amorosos se escuchan de un Dios que fácilmente podría a la fuerza abrirse paso para lograr nuestro some­timiento.  ¡Gracias Señor, por respetarme lo suficiente como para ganarme por amor y no por la fuerza!  Tú me persuades con amor: “Ante mis ojos tú eres de gran estima,…y yo te amo” (Isaías 43:4).

“Pero ahora, así ha dicho Jehovah, el que te creó, oh Jacob; el que te formó, oh Israel: ‘No temas, porque yo te he redimido.  Te he llamado por tu nombre; tú eres mío’” (Isaías 43:1).

Himno: “Cuán profundo es tu amor” CSG # 294

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