La medida apropiada de mi devoción

Por • el 8 septiembre, 2010 • Categoría: Devocional Diario

La marca de un discípulo se da cuando éste dice, “hágase tu voluntad”, pero la marca de un discípulo maduro se dará cuando éste diga, “amo tu volun­tad”.  No puedo gozarme en haber alcanzado el pináculo hasta que pueda decir junto con Pablo, “la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Reconozco la bondad de la voluntad de Dios en el hecho de que puedo ver que él no se está aprovechando de mí.  El comienzo de todo pecado está en la idea de que no se puede confiar del todo en Dios, que él es tramposo y engaño­so.  Veo eso en la insinuación diabólica: “¿De veras Dios os ha dicho…?” (Génesis 3:1).  En tanto que vea a Dios bajo esa luz, nunca podré decir que su voluntad es buena.

Comprendo la aceptabilidad de la voluntad de Dios por el deleite que esta me da.  Las palabras de Jesús son: “El hacer tu voluntad, oh Dios mío, me ha agradado” (Salmo 40:8).  No puedo decir que la voluntad de Dios es aceptable para mí hasta que disfrute de ella y encuentre gran gozo en recibirla.  El placer de la voluntad de Dios no es variable sino invariable; esto es, debo encontrar gozo en ella no importa si significa pena o placer.

Veo la perfección de la voluntad de Dios cuando reconozco que ni yo ni nadie más puede hacerlo mejor.  Cuando acepto la voluntad de Dios como perfec­ta, estoy diciendo, “Esto es lo mejor de Dios; no hay mejor manera”.

Mi respuesta a la voluntad de Dios es la medida apropiada de mi devoción hacia él.  ¿Rechazo su voluntad?  Entonces estoy actuando como el hombre natural.  ¿Hago su voluntad, pero de mala gana y quejándome?  Entonces estoy actuando como el cristiano carnal.  ¿Recibo su voluntad con gozo y me deleito en hacerla?  Entonces estoy actuando como un creyente espiritual.

Señor, ayúdame a examinarme, a mí mismo, en este día, y a deleitarme en tu voluntad, porque puedo decir, “Tu ley está en medio de mi corazón” (Salmo 40:8).

“¡Cuánto amo tu ley!  Todo el día ella es mi meditación.  Por tus mandamientos me has hecho más sabio que mis enemigos, porque para siempre son míos” (Salmo 119:97-98).

Himno: “Lámpara es tu Palabra” CSG # 268

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