Viviendo de manera positiva
Debo evitar ese tipo de cristianismo popular y superficial que está tan de moda hoy en día. Hay varias fórmulas para la vida triunfante que son pregonadas en todas partes, y en las cuales Jesús es simplemente el instigador o incitador de un flujo de pensamientos e ideas positivas que aseguran el éxito personal y material.
Ese tipo de cristianismo dice que soy un manojo de actitudes tanto positivas como negativas. Basta con alentar las positivas y desalentar las negativas, y ¡miren! soy una persona victoriosa. Sin embargo, el problema está en que ese tipo de victoria es simplemente la victoria del hombre natural. No hay nada redentor, curativo, o santificador en ella.
Antes de poder hablar de victoria, un creyente debe hablar acerca de morir. Como dice cierto escritor, el primer lugar donde tenemos que ir es a la cruz. Si es verdad que quiero encontrar a Jesús, debo encontrarlo “fuera del campamento”; y si quiero disfrutar de su victoria tengo que soportar “su afrenta” (Hebreos 13:13). Una vez que llego a la cruz y experimento la crucifixión de las codicias, deseos y actitudes egoístas de mi vieja naturaleza, entonces estoy en posición para levantarme con Cristo “en novedad de vida” (Romanos 6:4) y permitir que su nueva vida se convierta en lo positivo que mi yo natural jamás podría llegar a ser. Eso es más que pensar en forma positiva; es vivir en forma positiva.
Jesucristo no murió en la cruz con el fin de convertirme en un magnífico vendedor lleno de confianza. El murió para que este pedazo de arcilla ordinaria que soy yo, reflejara su poder, gloria y personalidad. Eso no significa que pierdo mi identidad; por el contrario, la confirmo. La vida de Cristo fluyendo a través de mi personalidad se transforma en un milagro personal en el reino de Dios. Soy una obra singular y auténtica elaborada por Jesucristo. Por lo tanto, Jesucristo no es sólo quien me salva; es también quien establece y define mi verdadero yo. Entonces se convierte en una verdad sublime y personal la afirmación del Apóstol Pablo de que “en él vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17:28).
“Y juntamente con Cristo Jesús, nos resucitó y nos hizo sentar en los lugares celestiales, para mostrar en las edades venideras las superabundantes riquezas de su gracia por su bondad hacia nosotros en Cristo Jesús” (Efesios 2:6-7).
Himno: “En el monte Calvario” CSG # 325, HB 100


