“Gloria” y “Aleluya”
A menudo he pensado en el gozo como uno de los obsequios especiales de Dios, uno que me deleita, pero que también me sorprende. No debo sorprenderme. Se me ordena estar gozoso: “¡Regocijaos en el Señor siempre! Otra vez lo digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4 RVA). Los mandamientos de la Biblia siempre incluyen la capacitación divina para cumplirlos. Si me exige regocijarme puedo hacerlo, no importan las circunstancias.
Debo estar consciente de que puedo controlar mis sentimientos más allá de lo pensado. El niñito que dijo: “Prefiero seguir bravo”, estaba admitiendo que sí podía controlar sus emociones. Exceptuando posiblemente las dificultades de orden orgánico, nuestros sentimientos pueden ser controlados si tomamos la actitud correcta. En otras palabras, Dios me hace responsable de mantener una actitud que permite regocijarme.
Jesús dijo, “Para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea completo” (Juan 15:11). Jesucristo fue la persona más optimista, llena de confianza y radiante que el mundo jamás haya visto. ¿Podemos acaso imaginárnoslo ahora preocupado, afanado o deprimido? Si él tiene la libertad de moverse dentro de nosotros, el resultado de ello siempre será el gozo, por cuanto Jesús es la expresión personal del gozo. Me es imposible pensar en todo lo que Cristo ha hecho por mí, en todo lo que él es para mí, y en todo lo que ha prometido hacer por mí, sin sentir gozo.
Sólo dejo de sentir gozo cuando me dejo enfrascar en las circunstancias a mi alrededor y/o me centro en mí mismo y comienzo a auto-compadecerme. Lo opuesto a ello es mantener a Jesucristo vivo en mi mente. Billy Bray llamaba a su pie izquierdo, “gloria”, y a su pie derecho, “aleluya” y así, cuando caminaba era una continua expresión de: “¡Gloria, Aleluya!” Yo también caminaré en gozo si mantengo a Cristo en el centro de mi corazón y mente.
“Oh justos, alegraos en Jehová y gozaos; cantad con júbilo, todos los rectos de corazón” (Salmo 32:11).
Himno: “Angeles cantando están” CSG # 130, FA 78, HB 67


