La pobreza de la fe condicional

Por • el 25 diciembre, 2010 • Categoría: Devocional Diario

Debo cuidarme de tener una fe que depende de determinadas condiciones. Cuando Jacob huyó de la casa de su padre por las amenazas de su hermano Esaú, Dios lo buscó en Betel y le prometió la tierra de Canaán a él y a sus descen­dientes, tal y cómo se lo había prometido a su abuelo Abraham (Génesis 28:10-17).  Al día siguiente, Jacob le hizo a Dios una promesa condicionada (vs. 20-22):

SI DIOS:                  • está conmigo

• me guarda durante este viaje que realizo

• me da pan para comer

• me da vestido para vestir

• me regresa en paz a la casa de mi padre

ENTONCES:           • Jehová será mi Dios

• Esta piedra será una casa de Dios

• Apartaré el diezmo de todo lo que me dé

La debilidad de la fe de Jacob es todavía más evidente a la luz de la promesa incondicional que Dios le hiciera el día anterior.  La fe condicional es cautelosa y tímida.  Demanda evidencia antes de entregar su confianza.  Pablo dice, “Porque los judíos piden señales [para creer]” (1 Corintios 1:22 RVA).  Pero, ¿acaso soy mejor si le exijo a Dios mostrarse digno de mi con­fianza para creer en él?

Una de las declaraciones más tristes en el Nuevo Testamento debe ser la del padre del niño poseído por el demonio:  “Pero si puedes hacer algo, ¡ten misericordia de nosotros y ayúdanos!”  A lo que Jesús respondió, “¿Si puedes…? ¡Al que cree todo le es posible!” (Marcos 9:22-23).  Jesús estable­ce la fe como condición justamente a quien le corresponde – no a él, sino a nosotros.  No puedo reprochar a Dios por los milagros que no hizo; sólo puedo culparme a mí mismo por limitarle a él por mi falta de fe.

“¿Por qué he de arrancar mi carne con mis propios dientes?  ¿O he de exponer mi vida en mi mano?  He aquí, aunque él me mate, en él he de esperar. Ciertamente defenderé ante su presencia mis caminos” (Job 13:14-15).

Himno: “Oh ven, bendito Emanuel” CSG # 111, FA 79, HB 54

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