Las obligaciones viejas y las nuevas
Siempre debo comprender lo que sucedió realmente en el Calvario y no conformarme simplemente con alguna idea vaga. Cuando Cristo murió, me liberó de la culpa de mis pecados, pero no me libró de mis obligaciones. Me libró del dominio de Satanás, pero no me liberó para que yo dirija mi vida. Sólo cambié de dueño en el Calvario, no dejé de tener uno. En la actualidad sigo siendo tan sujeto a la autoridad de mi nuevo Amo como lo estaba al dominio del antiguo. Debo someterme a él y sólo a él. Ya no estoy obligado a seguir sirviendo en el reino de las tinieblas, pero tampoco soy libre para decidir lo que haré, comeré o lo que vestiré. No puedo ir adónde quiero, decir lo que quiero, ni siquiera pensar en lo que quiero. El hecho de que me complazca a mí mismo tan a menudo no significa que tenga el derecho de hacerlo.
Sin embargo, existe una gran diferencia entre mi compromiso actual con Jesús y mi vieja obligación con Satanás. Cuando servía a Satanás no tenía opción, “caminaba conforme a la corriente de este mundo y al príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2). Aun así, estaba contento porque no sabía de nada mejor. Era una persona carnal, desinhibida y egoísta y no trataba de ir contra la corriente. Así que no había conflicto, sólo una existencia carnal.
Pero ahora, bajo la autoridad de Jesús, aún cuando él tenga todos los derechos sobre mí, me deja elegir servirle: “Así que, hermanos, os ruego… …que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo” (Romanos 12:1). ¡Eso es sorprendente – asombroso! El es mi dueño, y sin embargo me ruega; me compró por completo, y sin embargo él espera mi decisión. ¿Por qué? Debe ser porque no quiere ningún amor legalista, ninguna obediencia rutinaria. El quiere que yo lo ame por él mismo, no porque no tenga ninguna otra elección. Por lo tanto, la nuestra es una relación de amor, un tipo de relación que Satanás nunca podría ofrecer y que la carne nunca podría producir.
“Así que, hermanos, somos deudores, pero no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si vivís conforme a la carne, habéis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las prácticas de la carne, viviréis” (Romanos 8:12-13).
Himno: “Oh, pueblecito de Belén” CSG # 116, FA 68, VC 36, HB 74, GD 379


