Lo que espero de Dios
Es justo que me pregunte: ¿qué es lo que espero de Dios? La única respuesta satisfactoria sería: Que él sea fiel a su Palabra. Porque si Dios ha “engrandecido [su] nombre y [su] Palabra sobre todas las cosas” (Salmo 138:2 RVA), entonces tengo el derecho de depender de esa Palabra, y esperar que él haga conforme a lo que ha dicho. La Biblia claramente me recuerda que no fallará ninguna palabra que el Señor profiera (Josué 23:14). En donde Dios ha hablado con claridad, la respuesta será dada con claridad.
Pero, ¿y qué de las veces cuando Dios no habla con claridad? Obrar con base en principios generales de la Biblia no es igual de fácil como lo es seguir una instrucción específica. Muchas veces en nuestras vidas no hay palabra dada explícitamente por el Señor. ¿Qué hacer entonces? Encuentro una gran ayuda en la historia de aquellos tres jóvenes hebreos que enfrentaron la amenaza de muerte en un horno por no inclinarse ante la imagen de Nabucodonosor. Su respuesta al rey fue, “Nuestro Dios … puede librarnos del horno de fuego ardiendo” (Daniel 3:17 RVA). Esa fue su esperanza, pero aún fueron más allá de la confianza en una liberación milagrosa para afirmar su fe y obediencia en el Señor, fuera como fuera la prueba temporal, porque tenían confianza en Dios como Dios. Ellos dijeron, “Y si no, … [aun así] no hemos de rendir culto a tu dios, ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua que has levantado” (Daniel 3:18 RVA). Ante la falta de una palabra dada explícitamente por Dios, los hebreos sólo podían apelar a la naturaleza, o carácter de Dios, y esperar en que él nunca fuera diferente a lo que es – santo, justo, amoroso, misericordioso. Ellos concordaron con el salmista, “Oh alma mía, reposa sólo en Dios, porque de él es mi esperanza” (Salmos 62:5 RVA).
Dios no siempre me da un mensaje en particular para cada circunstancia de mi vida, pero me ha dado su Persona. Eso es el saldo final, la base misma de mi relación con él. El hombre que se atiene a ese fundamento sólido, no puede ser destrozado por las tormentas de la vida.
“Porque el necesitado no será olvidado para siempre, ni la esperanza de los pobres perecerá eternamente” (Salmo 9:18).
Himno: “Porque un niño” CSG # 117


