Viviendo una vida de amabilidad
Como discípulo de Jesucristo estoy comprometido a vivir de manera “amable”. Las palabras del salmista, “Tu benevolencia me engrandece” (Salmo 18:35 BLA), no es una observación vana. Dios forma santos fuertes a través de la amabilidad. Jesucristo aclaró en su Sermón del Monte que esperaba la amabilidad por parte de sus seguidores; esto es, dar la otra mejilla, andar la segunda milla, y compartir la túnica como también el manto (Mateo 5:39-41). Jesús llegó a ser el mejor ejemplo de su propia enseñanza cuando fue condenado con base en calumnias. Sin embargo, él no ofreció resistencia y sometió su caso a Dios el Padre.
Jesús me enseña que el camino de la amabilidad es el camino de la victoria. No me corresponde empujar, buscar ventaja, ser ambicioso o agresivo. No utilizo la espada o el puño para lograr mis fines. Tampoco recurro a demandas legales, porque debo estar dispuesto a sufrir pérdidas, si es necesario, como Cristo lo hizo. Por supuesto, muchos se aprovecharán de mí, tal y como ha sucedido con el pueblo de Dios en todos los tiempos. “Por tu causa somos muertos todo el tiempo; fuimos estimados como ovejas para el matadero” (Romanos 8:36 RVA). Sin embargo, al ser amable, de hecho estoy defendiendo mi causa ante Dios. Al actuar de la manera que él quiere que actúe, estoy colocando la responsabilidad de mi bienestar sobre él. El puede ayudarme.
La vida amable es la más difícil de vivir porque no es natural. Más aun, se nos ha enseñado a “defender nuestros derechos”, “hacernos oír”, “ser el número uno”, hasta que la vida amable parezca casi una herejía. A veces nosotros los cristianos, actuamos igual al mundo, de manera vergonzosa buscando “padrinos”, siendo astutos y creando partidismo personal en busca del poder y usando otros medios carnales para alcanzar nuestros objetivos. ¿Cómo podemos ser tan diferentes a él quien “Cuando padecía, no amenazaba”? (1 Pedro 2:23 RVA). El siempre era el verdadero Caballero, y quiere que yo sea como él para que pueda decir, “Tu benevolencia me engrandece” (Salmo 18:35 RVA).
“Con todo, yo siempre estuve contigo. Me tomaste de la mano derecha. Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Salmo 73:23-24).
Himno: “Santa la noche” CSG # 131


