Viviendo una vida de amabilidad

Por • el 15 diciembre, 2010 • Categoría: Devocional Diario

Como discípulo de Jesucristo estoy comprometido a vivir de manera “ama­ble”.  Las palabras del salmista, “Tu benevolencia me engrandece” (Salmo 18:35 BLA), no es una observación vana.  Dios forma santos fuertes a través de la amabilidad.  Jesucristo aclaró en su Sermón del Monte que esperaba la amabili­dad por parte de sus seguidores; esto es, dar la otra mejilla, andar la segun­da milla, y compartir la túnica como también el manto (Mateo 5:39-41).  Jesús llegó a ser el mejor ejemplo de su propia enseñanza cuando fue condenado con base en calumnias.  Sin embargo, él no ofreció resistencia y sometió su caso a Dios el Padre.

Jesús me enseña que el camino de la amabilidad es el camino de la victo­ria.  No me corresponde empujar, buscar ventaja, ser ambicioso o agresivo.  No utilizo la espada o el puño para lograr mis fines.  Tampoco recurro a demandas legales, porque debo estar dispuesto a sufrir pérdidas, si es necesario, como Cristo lo hizo.  Por supuesto, muchos se aprovecharán de mí, tal y como ha sucedido con el pueblo de Dios en todos los tiempos.  “Por tu causa somos muertos todo el tiempo; fuimos estimados como ovejas para el matadero” (Romanos 8:36 RVA).  Sin embargo, al ser amable, de hecho estoy defendiendo mi causa ante Dios.  Al actuar de la manera que él quiere que actúe, estoy colo­cando la responsabilidad de mi bienestar sobre él.  El puede ayudarme.

La vida amable es la más difícil de vivir porque no es natural.  Más aun, se nos ha enseñado a “defender nuestros derechos”, “hacernos oír”, “ser el número uno”, hasta que la vida amable parezca casi una herejía.  A veces nosotros los cristianos, actuamos igual al mundo, de manera vergonzosa buscan­do “padrinos”, siendo astutos y creando partidismo personal en busca del poder y usando otros medios carnales para alcanzar nuestros objetivos. ¿Cómo podemos ser tan diferentes a él quien “Cuando padecía, no amenazaba”? (1 Pedro 2:23 RVA).  El siempre era el verdadero Caballero, y quiere que yo sea como él para que pueda decir, “Tu benevolencia me engrandece” (Salmo 18:35 RVA).

“Con todo, yo siempre estuve contigo.  Me tomaste de la mano derecha.  Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Salmo 73:23-24).

Himno: “Santa la noche” CSG # 131

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