Para ser uno de los intercesores de Dios, necesito recordar que Jesucristo “hizo intercesión por los transgresores” (Isaías 53:12). Esa declaración significa más que el hecho de que Jesús oró por aquéllos que lo crucificaron, y más que el hecho de la expiación por nosotros. Significa que creó el oficio o función de intercesión. El hizo posible la intercesión. Si él no hubiese venido como el gran Salvador intercesor, nadie más habría podido jamás interceder por otra persona.
Por tal razón, si yo voy a ser un intercesor, estaré cumpliendo una función que Jesucristo creó, y la haré por su causa y siguiendo su ejemplo. También significa que habré obtenido confianza en mi relación con Dios, al punto de gozar de cierta autoridad para la intercesión. Norman P. Grubb llama a esto “la gracia de la fe”. Esta gracia abarca más de una sola respuesta a la oración; es la gracia y autoridad en una serie de respuestas, basadas en mi posición definitiva como intercesor con Dios. Por ejemplo, Moisés alcanzó tal intimidad con Dios, que hablaba con él “cara a cara” (Éxodo 33:11). Como resultado de este alto privilegio, Moisés pudo utilizar su autoridad como intercesor para salvar a Israel de la extinción que merecía por el episodio pecaminoso del becerro de oro (Éxodo 32:10). Si Moisés no hubiese estado allí, en tan alta y santa posición como intercesor de Israel, la nación habría sido destruida.
Pienso en otras personas que han ocupado un papel crucial en tiempo de crisis, ¡y sus ejemplos son un desafío! ¿Qué decimos de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Pablo, Lutero, Wesley, y muchísimos otros, cuyo ministerio de intercesión dio como resultado que muchas personas recibieran el don de la vida? ¡Señor, yo quiero ser un discípulo intercesor, en función de salvar de la muerte y traer a la vida a aquéllos por quienes Jesucristo murió! No puedo designarme, a mí mismo, para este ministerio (ni siquiera Jesús hizo tal cosa, Hebreos 5:5), pero puedo vivir una vida dedicada a él, para que no me pase por alto la próxima vez que necesite un intercesor.
“Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).
Himno: “¡Vamos!” CSG # 470
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