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	<title>CLC Libros - Uruguay</title>
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	<description>Librería Cristiana</description>
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		<title>Aprovechando los recursos de Dios</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Jul 2010 04:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>clclibros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Devocional Diario]]></category>

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		<description><![CDATA[El segundo derecho que debo reconocer es mi derecho sobre Dios. Mi derecho sobre él es un privilegio legal que Dios no puede rechazar, el derecho a utilizar y aprovechar los recursos divinos cuando mis propios medios han llegado a sus límites.  Por ejemplo, no tiene sentido el pedirle fuerzas para ir a la iglesia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El segundo derecho que debo reconocer es <em>mi derecho sobre Dios. </em>Mi derecho sobre él es un privilegio legal que Dios no puede rechazar, el derecho a utilizar y aprovechar los recursos divinos cuando mis propios medios han llegado a sus límites.  Por ejemplo, no tiene sentido el pedirle fuerzas para ir a la iglesia los domingos en la mañana cuando mis dos buenas piernas pueden fácilmente llevarme allá.  Pero si yo estuviera <em>paralizado</em> y fuera la voluntad de Dios que yo vaya, entonces tendría el derecho de apelar al poder divino para ayudarme a llegar allá.  En ese caso Dios no podría rehusarse de manera legítima, y su poder en esa situación me daría los medios necesarios.</p>
<p>El método para hacer uso de mis derechos ante Dios es el de reclamar sus promesas.  A propósito, las promesas de Dios no son para todo el mundo, y me haré mucho daño si las reclamo al azar.  No tiene sentido citar Filipenses 4:19 exigiéndole a Dios mi derecho de recibir dinero de él si tengo en ese momento una cuenta a nombre mío y con buenas reservas en el banco.   Puedo “cobrar” mi derecho de recibir ayuda económica de Dios sólo cuando estoy en el centro de su voluntad y cuando me he quedado sin recursos.  Entonces puedo dirigirme al Señor con su promesa, citando el derecho que es mío.  Su promesa es un cheque mucho mejor que cualquier giro bancario; su poder tiene propieda­des de sanidad muchísimo más grandes que cualquier otra medicina.</p>
<p>Pienso en Moisés, quien aprovechó el poder de Dios para abrir paso por el Mar Rojo; en Eliseo, quien aprovechó las reservas divinas de aceite para el beneficio de la viuda empobrecida; en Daniel, quien aprovechó la sabiduría de Dios para resolver misterios.  Luego me doy cuenta que estos hombres fueron lo suficientemente valientes como para exigirle a Dios sus “derechos” en situaciones apremiantes, y lo consiguieron.  ¡Que Dios me dé una gracia igual para hacerme igualmente victorioso!  “Su divino poder nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad&#8230; mediante ellas nos han sido dadas preciosas y grandísimas promesas” (2 Pedro 1:3-4).</p>
<p>“Porque todas las promesas de Dios son en él ‘sí’; por lo tanto, también por medio de él, decimos ‘amén’ a Dios, para su gloria por medio nuestro” (2 Cor. 1:20).</p>
<p>Himno:<strong> “Jehová es mi luz y salvación” </strong>CSG # 52</p>
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		<title>Los derechos de Dios y ¿los nuestros?</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 04:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>clclibros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Devocional Diario]]></category>

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		<description><![CDATA[No pasará mucho tiempo en mi caminar con Dios sin tener que enfrentarme al asunto de los derechos. Necesito tener en cuenta tres de tales derechos: el derecho de Dios sobre mí; mi derecho a Dios; y el derecho del mundo sobre mí. Un derecho es algo legalmente innegable, y el primer derecho que siempre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No pasará mucho tiempo en mi caminar con Dios sin tener que enfrentarme al asunto de los <em>derechos.</em> Necesito tener en cuenta tres de tales derechos: el derecho de Dios sobre mí; mi derecho a Dios; y el derecho del mundo sobre mí.</p>
<p>Un derecho es algo legalmente innegable, y el primer derecho que siempre debo de cuidar es el que Dios tiene sobre mí.  Ese derecho se basa en que él me creó; y yo soy su hechura.  También tiene derecho sobre mí porque me redi­mió (Isaías 43:1); soy suyo porque él me ha librado de la esclavitud (1 Corin­tios 6:19-20).  Ahora bien, es cierto que el universo entero pertenece a Dios; pero sólo hasta donde alcance <em>conciencia</em> de que soy de su propiedad, seré responsable de honrar ese derecho divino.  Dios nunca me dejará descansar en este aspecto de mi vida hasta que reconozca su derecho sobre mí.</p>
<p>El derecho de Dios no es meramente teórico; es práctico, en un sentido mayor del que me imagino.  Pensemos en ello por un momento.  Si soy totalmente de Dios y lo reconozco, entonces ¡él tiene el derecho de utilizar cualquier parte de mí o de mis posesiones en cualquier momento!  ¿Hay por ahí alguna persona pobre a quien Dios quiere ayudar?  Él puede utilizar mi cuenta banca­ria para ese propósito, por cuanto mi dinero es suyo.  ¿Existe alguna tribu de salvajes que todavía no han oído de Jesucristo?  Dios puede apropiarse de mi vida para comunicarles las buenas nuevas en su propio dialecto.  Después de todo, mi lengua también le pertenece a él.</p>
<p>En un sentido práctico, en el momento en que yo reconozco el derecho de Dios sobre mi vida, dejo de tener derechos propios.  Estoy a la disposición de las necesidades a mi alrededor, estando sujeto por supuesto, a la dirección del Señor.  Nunca más puedo existir en el aislamiento.  El mundo, como decía John Wesley, se convertirá realmente en mi parroquia.  “Y él murió por todos para que los que viven ya no vivan más para sí, sino para aquél que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15).</p>
<p>“Reconoced que Jehovah es Dios; él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.  Pueblo suyo somos y ovejas de su prado” (Salmo 100:3).</p>
<p>Himno: <strong>“La familia de Dios”</strong> CSG # 457</p>
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		<title>Mirando a la muerte</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Jul 2010 04:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>clclibros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Devocional Diario]]></category>

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		<description><![CDATA[La relación de un cristiano con la muerte cambia cuando recibe a Cristo como su Salvador.  La muerte reina en la mente del hombre natural (Romanos 5:14); pero en la mente del creyente comprometido, la muerte se desvanece en las sombras.  Ahora el creyente puede ocuparse con la nueva “vida e inmortalidad” que han surgi­do [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La relación de un cristiano con la muerte cambia cuando recibe a Cristo como su Salvador.  La muerte reina en la mente del hombre natural (Romanos 5:14); pero en la mente del creyente comprometido, la muerte se desvanece en las sombras.  Ahora el creyente puede ocuparse con la nueva “vida e inmortalidad” que han surgi­do dentro de él por causa del evangelio (2 Timoteo 1:10).  Para decir la verdad, la muerte no deja de ser un hecho, pero sí deja de ser un hecho relevante.  Al igual que Cristo, quien después que murió encontró que la muerte no tenía ya más poder sobre él (Romanos 6:9), así el creyente, que está en Cristo, encuentra a la muerte débil e insignificante.</p>
<p>Los griegos solían decir, “un hombre no puede mirar a la muerte o al sol durante mucho tiempo”.  Bastante cierto, pero el creyente ya no mira a la muerte como una amenaza (o mejor dicho, ya no <em>necesita </em>hacerlo).  Ahora él posee la vida eterna, que es más que la inmortalidad.  La inmortalidad es la existencia sin fin, el atributo de toda persona; pero la vida eterna es una relación personal sin fin con Dios, una cualidad que le pertenece sólo a aquellos que conocen a Dios a través de Jesucristo.  Por lo tanto, ya no tengo que ocuparme con la muerte, sino con la vida; esto es, con un conocimiento cada vez mayor de Dios que enriquece mi vida con una abundancia que florecerá por siempre.</p>
<p>Un creyente en Cristo ya tiene las semillas de la eternidad en su corazón; por lo tanto, no hay necesidad de darle importancia a la muerte.  Después de todo, es sólo una pausa momentánea durante su gozoso peregrinaje hacia la gloria.</p>
<p>“No fijando nosotros la vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las que se ven son temporales, mientras que las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).  Una persona que ha pasado toda su vida diciéndole “no” a su yo y “sí” a Cristo, encontrará que la muerte no le es amenaza.  El “no” final a la muerte ya ha sido satisfecho hace mucho tiempo, y el “sí” final a Cristo será un salto gozoso de bienvenida hacia la eternidad.</p>
<p>“Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida.  El que cree en mí, aunque muera vivirá.  Y todo aquél que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees esto?’” (Juan 11:25-26).</p>
<p>Himno: <strong>“La mañana gloriosa”</strong> CSG # 549, FA 312, VC 218, HB 492</p>
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		<title>Ministrando a otros</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 04:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>clclibros</dc:creator>
				<category><![CDATA[Devocional Diario]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cómo puedo distinguir entre el ministerio a mí mismo y el ministerio a otros?  Ciertamente la Biblia aclara que el buey que trilla tiene derecho a comer del grano que ha sido trillado (1 Cor. 9:9), y los sacerdotes comían los sobrantes del pan y los sacrificios.  Pero he aquí algo importante para recor­dar: se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Cómo puedo distinguir entre el ministerio a mí mismo y el ministerio a otros?  Ciertamente la Biblia aclara que el buey que trilla tiene derecho a comer del grano que ha sido trillado (1 Cor. 9:9), y los sacerdotes comían los sobrantes del pan y los sacrificios.  Pero he aquí algo importante para recor­dar: se me permite participar sólo al ejercer mi servicio a otros.  En ninguna parte de la Biblia dice que yo puedo sentarme a hacer nada, y seguir gozando de los frutos del servicio.</p>
<p>Cuando leo nuevamente la declaración de Jesús acerca de la vid y las ramas (Juan 15), me llama la atención el hecho de que la rama no participó del <em>fruto;</em> más bien participó de la <em>misma vid.</em> La rama existe para el ministerio, para transmitir la vida de la vid hasta que el fruto se forme en sus extremos, y así los necesitados que están alrededor puedan ser satisfechos.  La “satis­facción” de la rama depende de la vid y su misma raíz.</p>
<p>No debo utilizar a Dios con fines egoístas.  La vida del discipulado es exactamente lo contrario: Dios, utilizándome para él mismo.  Mis oraciones no se enfocarán exclusivamente en algo que sólo me beneficia personalmente, cosas tales como salud, dinero, o éxito.  Es importante recordar que Dios es mi Amo, cuyo derecho es usarme para sus propósitos.  Jamás debo tratarle como si fuera mi siervo (alguien que está en la obligación de satisfacer todos mis antojos).  Mi vida es como una rama que simplemente transmite el fruto de la vid al que lo come.  Cuanto más fruto lleve y tanto más sean los necesitados satisfechos, mayor será la gloria de Dios (Juan 15:8).</p>
<p>Entonces seré como José, quien fue “un retoño fructífero, retoño fructífero junto a un manantial; sus ramas [treparon] sobre el muro” (Génesis 49:22).  Las “bendiciones de [su] padre sobrepasan a las de las montañas eternas, y a los deleites de las colinas antiguas” (vs. 26).</p>
<p>“Vosotros no me elegisteis a mí; más bien, yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y para que vuestro fruto permanezca” (Juan 15:16).</p>
<p>Himno: <strong>“La vid y los pámpanos”</strong> CSG # 402, FA 223</p>
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		<title>La ofrenda abundante</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 04:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>clclibros</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Existen niveles para la ofrenda cristiana y, como discípulo, debo dar el nivel de discípulo.  El nivel mínimo de contribución es el diezmo (Mateo 23:23).   Esta es la contribución obligatoria, el monto que le debo a Dios, y el negarme a devolver esto a Dios es robo (Malaquías 3:8). El segundo nivel de participación es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Existen niveles para la ofrenda cristiana y, como discípulo, debo dar el nivel de discípulo.  El nivel mínimo de contribución es el diezmo (Mateo 23:23).   Esta es la contribución obligatoria, el monto que le debo a Dios, y el negarme a devolver esto a Dios es robo (Malaquías 3:8).</p>
<p>El segundo nivel de participación es la “ofrenda” (Éxodo 25:2).  La ofrenda va más allá del diezmo y está diseñada para propósitos especiales.  Puede ser una simple ofrenda de agradecimiento al Señor o una contribución a un proyecto o lo que sea.</p>
<p>El tercer y más alto nivel de participación es la contribución “generosa” (2 Cor. 9:6).  Rees Howells la llamaba la “contribución espléndida”.  Es el tipo de ofrenda a la que Jesús hizo que sus discípulos prestasen atención cuando observaron a la viuda dar una blanca, la cual era “todo su sustento” (Marcos 12:44).  Este tipo de ofrenda reconoce un principio fundamental en nuestra relación con Dios, el principio del “nuevo huésped”.  Una vez que nos comprometemos totalmente con Dios, el nuevo arrendatario toma posesión y de allí en adelante dicta la política de nuestra vida, aun en el modo en que vamos a gastar nuestro dinero.  O en realidad, <em>su </em>dinero.  Nosotros no utili­zamos nuestro dinero a menos que primero le hayamos hecho a él una solicitud.</p>
<p>La ofrenda generosa está siempre ligada al ministerio.  Es la expresión natural del sobreabundante amor de Dios a través de nosotros hacia otros.  Es la sustancia que le recuerda a las personas de manera tangible que Dios está vivo y que nos cuida.  Como discípulo, debo poner mi cuenta bancaria, así como mis talentos, en las manos de Dios.  Una vez en sus manos, debo permitirle retirar todo lo que él desea; luego me hago hacia atrás y observo mientras que él me devuelve con gran liberalidad y abundancia todo aquello que había toma­do.  Ustedes “glorificarán a Dios&#8230;por vuestra liberalidad en la contribución para con ellos&#8230;a causa de la sobreabundante gracia de Dios en vosotros” (2 Corintios 9:13-14).´</p>
<p>“Como está escrito:  El que recogió mucho no tuvo más y el que recogió poco no tuvo menos” (2 Cor. 8:15).</p>
<p>Himno: <strong>“Los talentos” </strong>CSG # 508</p>
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