Sección » Devocional Diario

La batalla por el cuerpo

Señor, debo desarrollar una teología correcta acerca del cuerpo.  Somos dados a pensar en nuestros cuerpos como “casas del alma” y, hasta cierto punto, estamos en lo correcto.  Pero nuestros cuerpos también son “campos de batalla del destino”.  La parábola del espíritu desalojado aclara esto (Mateo 12:43-45).  El afán (podría llamarse “pasión”) de Satanás es poseer nuestros cuerpos como vehículos para llevar a cabo sus propósitos en este mundo.  Tan intenso es este deseo que se atreve a llamar al cuerpo que ha dominado, “mi casa” (vs 44).

Pero Dios también tiene designios en cuanto al cuerpo.  El necesita carne y huesos para llevar a cabo sus propósitos en este mundo (Rom. 12:1-2), de otra manera fracasará su programa.  Él anhela habitar en el cuerpo humano con la misma intensidad que lo desea Satanás.  Así que una intensa lucha se lleva a cabo para la posesión de nuestros cuerpos.  Aún cuando Satanás es echado fuera de nosotros, busca volver a entrar; y, si es necesario, trae refuerzos a fin de lograrlo (vv 44-45).

No hay ningún terreno neutral en esta batalla por el cuerpo.  Ya sea Dios o Satanás que tiene el control, el control de uno desplaza el control del otro.  Su reino es ensanchado o menguado por el control que tiene sobre nues­tros cuerpos.  En un sentido, nuestros cuerpos son pequeños “Montes Calvario” donde el conflicto todavía arrecia.  La lucha no es para decidir quién es el victorioso, porque Cristo lo es según Colosenses 2:14 y 15, sino para decidir si la victoria de Dios prevalecerá en nosotros como individuos.

Me guste o no, estoy en medio de la batalla.  No puedo excusarme de ella.  Mi participación es resultado de mi decisión de que Jesucristo es el Salvador de mi cuerpo (Efesios 5:23).  Ese Salvador puede “[santificarme] por completo…espíritu como alma y cuerpo [y mantenerme] guardado sin mancha en la venida de nuestro señor Jesucristo.  Fiel es el que os llama, quien también lo logrará” (1 Tes. 5:23-24).

“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que mora en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Cor. 6:19).

Himno: “Despertad, Despertad” CSG # 503, FA 301, LL 186, GD 162, GT 317 27 de julio

Sin ComentariosLink

Estando “en misión”

Un discípulo de Cristo debe aprender a distinguir entre su misión y su llamado. Su misión es la de todo cristiano – esparcir las buenas nuevas de Jesucristo en todo lugar; pero su llamado es la designación de Dios hacia un lugar específico en un momento específico.  La misión es general y fundamen­tal, el llamado [...]

Sin ComentariosLeer Más »

Presentando nuestras credenciales

Como tu discípulo Señor, debo estar consciente de los derechos y privile­gios del ministerio. Los utensilios santos del tabernáculo fueron dedicados con sangre porque eran un “ministerio” (Hebreos 9:21).  Así como no puede haber remisión de pecados sin sangre, tampoco puede haber ministerio sin sangre. Ninguna persona tiene el derecho de hablar (ni a hacer [...]

Sin ComentariosLeer Más »

El día del examen final

Debo reconocer Señor, que el único registro existente de mi vida es el que yo mismo estoy “escribiendo”.  Ahora comprendo lo que es el tribunal de Cristo – sólo una grabación de lo ya acontecido.  Es allí donde recibimos “según lo que [cada uno] haya hecho por medio del cuerpo” (2 Cor. 5:10). Volveré a [...]

Sin ComentariosLeer Más »

La aprobación social es condicional

El ser un discípulo de Jesucristo no me hace un proscrito social.  Cristo no niega mis inclinaciones humanas naturales; las realza.  La aprobación social es necesaria para la salud emocional, y Jesucristo no tiene como obje­tivo excluirme de la familia humana.  La pregunta básica es: ¿aprobación social a qué precio? En una parábola, Jesús dijo [...]

Sin ComentariosLeer Más »