Sección » Devocional Diario

La salvación no es barata

Mi discipulado por Jesucristo no tendrá ningún significado a menos que considere que mi vida no vale nada frente a él.  Pablo dijo, “No estimo que mi vida sea de ningún valor ni preciosa para mí mismo” (Hechos 20:24 RVA).  El estuvo dispuesto a menospreciarse a sí mismo por causa del Evangelio, y esa despreocupación en cuanto a su propio bienestar y seguridad dio como resultado el andar sin hogar y en peligro.  Finalmente le significó la muerte.  Si doy a mi vida un valor infinito y la protejo y la mimo, ciertamente estaré más cómodo, pero seré infructuoso.

Abraham Lincoln acertó cuando dijo, “El amor destruye”.  No puedo amar a Jesucristo sin destruir muchas cosas personales, y una de ellas es el precio que le he puesto a mi vida.  “El amor de Cristo nos impulsa” (2 Corintios 5:14 RVA).  Si todavía pienso en mi salvación como una frazada que me sobreprotege o un lugar de comodidad, me he perdido tristemente del significado del llanto de Cristo sobre Jerusalén, la agonía del Calvario, y la perdición humana.

Nuestro énfasis en el “Evangelio de la gracia” nos ha llevado a pensar que la salvación es algo barato y fácil, lo cual contradice las intenciones de Dios.  Pensamos en términos de seguridad, conservación, y escape.  A menudo nuestra fe no es más que un medio de evadir el castigo eterno.  ¿Podemos decir que nos aferramos a Dios en un profundo deseo de conocerle y con el deseo irresistible de hacer su voluntad, sin importar el costo?

No puedo albergar la esperanza de llegar al final de mi vida llevando mucho fruto a menos que haya vertido lágrimas, y tal vez sangre, en el campo de batalla.  Dios no me examinará con base en mi jovialidad o simpatía, sino con base en mis cicatrices, como prueba de un amor que estaba dispuesto a soportar hasta el sacrificio.  Si no haya permitido que mi salvación me impul­sara a tal entrega, tendría de qué avergonzarme.  Pero, gracias a Dios, él puede conducirme más allá de una salvación “salvavidas” y hacia el tipo de vida que llega a ser, a sus ojos, “Más preciosa que el oro que perece” (1 P. 1:7 RVA).

“Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?” (Marcos 10:38).

Himno: “Tras hermoso lucero” CSG # 138, FA 65

Sin ComentariosLink

Cediendo nuestros derechos

Me asusta saber que puedo negar la posesión de mi vida a Jesucristo, aún cuando sé que no tengo derecho a rechazarlo.  Si quiero, puedo rebajarme al nivel de los corintios y hacerme tan carnal y querelloso como ellos.  Pero algo sucederá si lo hago.  Mi rechazo a entregar a Jesús el control de mi [...]

Sin ComentariosLeer Más »

Las obligaciones viejas y las nuevas

Siempre debo comprender lo que sucedió realmente en el Calvario y no conformarme simplemente con alguna idea vaga.  Cuando Cristo murió, me liberó de la culpa de mis pecados, pero no me libró de mis obligaciones.  Me libró del dominio de Satanás, pero no me liberó para que yo dirija mi vida.  Sólo cambié de [...]

Sin ComentariosLeer Más »

La inversión espiritual

Dios nos hizo sus discípulos con el fin de que cambiáramos el orden natural de las cosas.  Cuando Dios le dijo a Abraham que su primogénito Is­mael, se comportaría locamente como un “asno montés”, éste inmediatamente empezó a luchar contra el curso natural de la vida de Ismael.  Por medio de la oración, buscó de [...]

Sin ComentariosLeer Más »

La responsabilidad de la oración

Si trato de vivir guiándome por la experiencia, más bien debo decirle adiós a mi vida de oración.  Dios no está interesado en librarme de problemas si de todas maneras voy a intentar lograr ser librado por medios naturales.  Sólo comenzaré a comprender el asombroso poder de la oración, cuando me atreva a soñar en [...]

Sin ComentariosLeer Más »