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Una puerta de esperanza en medio del valle

Si de circunstancias externas se trata, la verdad es que no existe dife­rencia alguna entre las mías y las de aquellos que no conocen al Señor.  La diferencia no está por fuera, sino por dentro, por cuanto el discípulo de Jesucristo tiene lo que el mundo nunca puede ofrecer – la esperanza.  Pablo dice, “Porque fuimos salvos con esperanza” (Romanos 8:24 RVA), lo que signifi­ca que esperamos un mejor futuro ante nuestros sufrimientos y circunstancias; no así quien desconoce a Jesucristo.  Si no fuera por esa esperanza santa de que Dios nos llevará con éxito hasta disfrutar plenamente de consuelo, seguri­dad y victoria, estaríamos tan desgraciados como los que no tienen al Señor.

Dios le dijo a Israel, “Yo la… llevaré al desierto y hablaré (con ternura) a su corazón… y el valle de Acor [que representaba el dolor] será como puerta de esperanza”. (Oseas 2:14-15).  Tarde o temprano, yo me encontra­ré en el “valle de Acor”; que es uno de los lugares predilectos que Dios tiene para probar a sus hijos.  Pero cuando me encuentre en ese valle, debo confiar y perseverar en la esperanza y no caer en la desesperación.  Ese mismo valle es el comienzo de una nueva y regocijante relación que me ayudará a deleitarme como nunca antes con Dios.  El versículo 16 la asemeja a la intimidad de un matrimonio.  Dios me lleva adrede al dolor y la angustia a fin de llevar mi esperanza hacia la madurez y la buena salud, porque sin una firme esperanza nunca disfrutaré de la consumación de mi salvación (Romanos 5:4).

¡Qué Dios tan maravilloso! Sus caminos son algunas veces amargos, pero siempre son correctos.  Me trata como a una persona muy amada por cuya felici­dad y bienestar él cambiaría todo excepto su naturaleza. El me guiará al valle de Acor por causa de su nombre, pero por causa de su amor transformará ese valle en una puerta de esperanza.  ¿Veo nubes negras en mi vida hoy?  Entonces es tiempo para que Dios tome las riendas, y pronto descubriré lo mucho que él me ama -¡lo suficiente como para mover montañas y dejarme pasar a través de ellas! ¡Piensa en ello!

“Porque considero que los padecimientos del tiempo presente no son dignos de comparar con la gloria que pronto nos ha de ser revelada” (Romanos 8:18).

Himno: “Vencedor” CSG # 428

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